01 octubre 2007

Él

Es cuando llego a casa cuando me pongo a recordar. Me tiro en la cama, y medio cerrando los ojos me llega su olor tan fuerte como si estuviera al lado.
Mirándome.
Mirándome mientras yo finjo estar haciéndome la dormida y que sea él quien me acaricie.
Le oigo respirar, y cuento cuantas veces inspiro cuando el aspira de una sola vez, notando como cada vez que se acerca, mi piel termina por ponerse de punta.
Y sigue ahí, y sé que podría detenerse el tiempo, detenerse él, y yo seguiría con la sonrisa que sólo él tiene el detalle de sacarme tan simplemente.
Le abrazo, y oigo sus palabras como un viento fresco nada más despertarme, al que yo asiento rápidamente, y sigo contando su respiración...
¿Para qué más...?

Cuando despierto, de esos ojos medio cerrados, de ese olor tan vivo, han pasado ocho horas.
Me levanto, y es esa la ilusión de que compartas otro día conmigo, de tenerlo bueno o malo.
Todos tenemos días así.
Pero es cuando a pesar de no haberte visto, sigo notando tu mirada, cuando me doy realmente cuenta de que esto llegará al infinito.
Date cuenta.

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