14 noviembre 2009

Mi matadero clandestino.

El caso, a veces por más rodeada que estoy de gente, ellos giran sin verme... y hablo, grito hasta quedarme sin aliento, pero no son capaces de oirme. Les pido que se queden a mi lado, pero ya se me ha ido la voz. La impotencia está ganando la batalla, porque no haces nada para evitarlo. No seguimos la misma velocidad. Sólo quiero estar en mi matadero. Y guardar la ropa. Os echo de menos.

2 comentarios:

Veronique dijo...

La gente ha cambiado el ritmo a su gusto, y no lo pierden a no ser que te plantes delante y les impidas seguir...

Lady Day dijo...

Que ellos sigan tu velocidad es secundario.
Basta con que la sigas tú.