25 septiembre 2010

#13



Llevaba 18 años ensimismada en mi pecera, en mi casa, con mis aciertos y mis desperfectos. Pero decidí que me quedaba pequeña.
Yo era un pez grande, lleno de colores, a juego todo con unos labios rojos y unas pestañas de infarto. No podía seguir en una pecera en la cual había aprendido ya lo ilegible. Decidí marcharme... y me marché.

Madrid, calle Gran Vía, un océano... mi océano. Agua marina en superficie terrestre. Estaba formando parte del 71% de la Tierra, no podía creerlo.
Los nervios, las ganas de saborear, de conocer, de darme a conocer no paraban de recorrer mis aletas. Las branquias a veces se me atascaban porque quería respirar más rápido de lo que podía mi capacidad.
Y así, tan rápido como pasó Septiembre, tan rápido se me quitó mi sentimiento de grandeza. Me ahogaba tanto que se me olvidó nadar. El agua, las rocas, las plantas, los demás peces, flotaban sobre mí sin que les importara, tenían prisa.
Y yo no tanta.

Así que volví a mi pecera.
Allí me esperaban con las aletas orgullosas, como si no me hubiera ido nunca.
Decidí cambiar mi rutina, pensar en mi presente, y ganarme la vida... así nunca se me olvidaría nadar.

01 septiembre 2010

#12

Nos moríamos de sed, como si fuera lo más normal del mundo y algo rutinario.